Hoy me siento particularmente en calma, percibo una sabiduría que antes negaba y me daba miedo reconocer. Atendí a Luna antier y fue una sesión maravillosamente cargada de energía emocional y símbolica, importante para mi propia vida.
Comenzaré escribiendo que conocí a Luna en 2015 durante unas prácticas supervisadas de la Facultad de Psicología en un programa social llamado “Medicina a Distancia”, básicamente era un call center psicológico, aprendí mucho sobre el uso de la metodología Cognitivo-Conductual, pero la verdadera experiencia me la brindó Luna junto con otras tres Mujeres millennials como yo.
La primera de ellas, Luna mi maestra de vida, es de la Generación X y como buena mujer sabia y poderosa, nos acompaño poco a poco y fue nombrando con cautela al pan pan y al vino vino.
De vuelta al presente, veía a una Luna muy distinta a la que conocí, no por la edad o las arrugas, más bien por la forma de hablar de ella misma, insegura, dependiente, invalidante y agresiva.
Ese insight me llegó como una revelación espiritual, entendí que hace 8 años Luna fortalecida, segura de sí misma y con buena autoestima, supo hablarle a tres Mujeres que no sabían en lo que estaban inmersas y simbólicamente nos pasó el cetro de Poder o la antorcha, como gusten visualizarlo, a todas nosotras.